Noticias que ya no son noticias

Le decimos noticia a lo que ya no es noticia. Anunciar, por ejemplo, que en Colombia se incautaron 20 ó 50 toneladas de pasta de coca o de marihuana, ¿qué efecto tiene ante el público si esta información se escucha diariamente?; ¿quienes son los interesados en esta noticia, los consumidores y vendedores de droga y los militares en ascenso, el gobierno para ganar imagen con los gringos? Lo cierto que al público corriente ni le va, ni le viene, porque esto es parte del paisaje cotidiano.
Aún no se entiende cómo en muchos lugares del mundo están legalizando la marihuana mientras que en Colombia se siguen perdiendo vidas por su incautación.
Noticias como el asesinato de líderes sociales, las masacres, los feminicidios y violaciones, por otro lado, ‘pan de cada día’ en Colombia, pierden importancia porque casi nunca capturan a los culpables, luego se vuelven parte del paisaje.
Los culpables de los delitos en este país por lo regular son los mismos: las bandas criminales de siempre, las disidencias de las Farc, o los llamados “grupos narco terroristas del ELN, que habitan en Venezuela con el patrocinio del dictador Maduro”. Con esas declaraciones, políticos y algunos medios gobiernistas resuelven todos los casos, y el pueblo ya está tan acostumbrado a escuchar siempre la misma respuesta, que ya no es noticia.
Noticias como la protesta de los indígenas, los afro, los campesinos, paperos y los estudiantes, pidiendo que el gobierno los atienda, o las madres comunitarias, esas deberían ser buenas noticias si el gobierno les atendiera, pero como eso no ocurre, la noticia pierde su importancia y pasa a ser otro hecho cotidiano.
En el Pacífico muchos asuntos de importancia ya no son noticia. Por ejemplo, la queja diaria que tienen los usuarios sobre la falta de agua potable. Son tantos años exigiendo ese derecho fundamental, que ya no es noticia una nueva protesta al respecto.
Tampoco son noticia las movilizaciones de indígenas, extrabajadores del municipio, las platoneras, los taxistas, porque esto sucede mínimo 3 ó 4 veces al mes. Igualmente, tampoco es novedoso la mala atención de los funcionarios públicos, pues estos, con algunas excepciones, olvidan que son servidores y como dice la frase, están para servir al pueblo, que es el que paga su sueldo.

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