La pandemia y la escuela

Por Armando Arboleda

Hay algo que debemos tener las personas como propio de la especie humana, y eso es la disciplina. Lo que se ha observado en el repunte del virus, su nivel de contagio y su letalidad, en una sociedad estructurada y pensante significaría un alto en el camino para todos. Pero no. En Colombia, parece que se ha dado licencia para que todos corraramos sin freno en una carrera que realmente no es por la vida sino por el desenfreno y el placer.

Da dolor y tristeza ver como el sector de la salud, que se les ha llamado primera línea y no entiendo porqué, nadie en sano uso de razón, desatiende la linea de contención, llamese en el deporte, en la construcción de una casa o en la vida misma. Ellos expresan sus sentimientos y coinciden en pedirnos a todos que nos cuidemos. El caso del joven de 16 años en Cali, que frente a la prohibición de sus padres para ir a una fiesta se fue evadido y se encontró con el virus y hoy producto de esa jugarreta de adolescente tiene en cuidados intensivos a sus dos abuelos.

Estos días leía unos memes pandémicos muy curiosos. Uno de ellos mostraba una multitud en una playa y desde lo más profundo se establecía un diálogo entre madre e hijo donde este le hablaba de la necesidad de ir a la escuela, y la madre le respondía que no, porque de pronto se contagiaba. Aquí se caricaturiza un poco la hipocrecía de la sociedad que anda exigiendo al sector salud, al gobierno central, a la escuela y en general a todos los estamentos sociales que se frenen todas las actividades, mientras al interior de la mayoría de los hogares la disciplina brilla por su ausencia.

Y es que las escuelas cerradas como están no ayudan sino a los más vivos que se pierden todo el año y aparecen como en el cuento de Aladino, cuando se frota la lámpara al final del año escolar a exigir el paso de un año al otro, sin los mínimos aprendizajes, solo enarbolando la bandera de la pobreza y la inequidad imperante.

Pues sí, estamos de acuerdo en que hay que acabar la pobreza y la inequidad. Pero no nos podemos mentir ni engañar a  nosotros mismos cuando vemos el desorden en las calles con jóvenes que andan sin Dios ni ley, los mismos que no pueden ir a las escuelas y colegios porque se contagian. Se contagian pero de saber, de disciplina para enfrentar en la vida esta y las pandemias que aparezcan en el futuro. Ante eso, sí que hay miedo a contagiarse. Es mejor seguir así, y esperar noviembre para que todos pasen el año escolar…

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